Hay un ejercicio que consiste en sentarse durante diez minutos cada día a escuchar la respiración y encontrarte con el Silencio. Este ejercicio fue el que me ayudó a iniciar mi camino espiritual y creo que puede cambiar tu vida. Te invito a que lo hagas todos los días a la misma hora, por ejemplo nada más levantarte. Lo puedes hacer sentado con la espalda recta o tumbado. Si lo haces tumbado, intenta no dormirte. Cuando estés en una posición cómoda, comienza a respirar de forma tranquila, con la atención enfocada en la inspiración y en la espiración. Eso es todo. Luego si quieres puedes ir incorporando las fases que comento en el artículo.
Las ventajas de este ejercicio
Estas son las razones por las que este ejercicio es extraordinario:
1. Es sencillo. No necesitas saber de yoga, ni realizar técnicas de pranayama, ni estudiar Cábala, las Escrituras o iniciarte en el Advaita. Tampoco es necesario que hagas una carrera universitaria o un máster en psicología o filosofía. Lo único que necesitas es tener la voluntad y la disciplina suficiente como para sentarte durante diez minutos cada día para encontrarte con la Fuente de la vida y con el Silencio. Recuerda que la espiritualidad es sencilla. Lo más difícil es calmar la mente, pero, en cuanto lo hagas, accederás a las extraordinarias dimensiones espirituales y divinas.
2. No cuesta dinero: No necesitas pagar a nadie, ni comprarte ropa de ningún tipo, ni tener conexión a internet (de hecho te vas a conectar con algo mucho mayor, con el Todo), ni contratar a un terapeuta… Como la inmensa mayoría de cosas bellas de la vida, el ejercicio de silencio no cuesta nada. Cualquier persona, con independencia de su situación económica o social, lo puede practicar. No precisas gastarte nada para descubrir quién eres.
3. Lo puedes realizar en cualquier lugar. No necesitas reformar tu casa, crear un espacio de meditación, alquilar una sala o comprarte un estudio. Con un pequeño lugar para sentarte o tumbarte es suficiente. Tampoco tiene que ser un espacio cerrado, ya que lo puedes practicar en un parque, en la playa o incluso en un centro comercial. A una amiga la conocen como la “meditadora del supermercado”, ya que aprovecha la cola del supermercado para realizar el ejercicio de silencio; en lugar de impacientarse y quejarse por el tiempo de espera, se encuentra con el silencio y la Inteligencia Amorosa Universal. Cualquier lugar es apto, puesto que Dios está en todas partes.
4. Es para todo el mundo: Los ejercicios espirituales son para todos ya que Dios no distingue entre razas, condición social, económica, sexo o edad. Cada uno ha elegido un cuerpo físico y un personaje para vivir en esta realidad física, pero el rol que desempeñamos, es, en realidad, lo de menos. Puedes ser artista, arquitecto, ama de casa, empresario, locutor de radio o estudiante. El rol no es lo esencial. Lo importante es que todos tenemos la chispa divina y la capacidad de acceder a lo que está ahí de forma incondicional, eterna y universal.
5. No necesitas hacer ningún mérito: Hay un determinación limitante que cargamos y que se resume en la siguiente frase: “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Cuando abandonemos ese paradigma observaremos que no necesitamos hacer méritos o esfuerzos para llegar a Dios. El camino espiritual no precisa de títulos ni diplomas, ni que nadie te apruebe. ¿Qué diploma se puede presentar ante la Inteligencia Amorosa que lo sabe todo de ti?
Las diferentes fases del ejercicio.
Realizar el ejercicio simplemente enfocándote en la respiración y en el silencio es suficiente. A medida que avanzas puedes ir pasando por 5 fases, que te pueden ayudar y que se asocian con el mundo físico, el psicológico, el espiritual, el divino y el Absoluto. Es decir, representan los cuatro mundos identificados en la Escalera de Jacob y el Absoluto que se encuentra más allá del mundo manifestado.
1. Fase primera (Mundo físico). En esta primera fase realizas la transición desde el mundo externo hacia el mundo interno. Lo más sencillo es enfocarse en la respiración, aunque también puedes concentrarte en el tercer ojo (lugar entre las dos cejas) o en el “hara” (o “centro vital” que se encuentra justo debajo del ombligo). Con el enfoque puesto en la respiración o en alguno de esos puntos observa cómo está tu cuerpo. A medida que te enfoques en la respiración tu cuerpo se ira relajando y podrás entrar en estados más profundos.
2. Fase segunda (Mundo psicológico): En esta fase observamos los pensamientos y nuestro estado psicológico. El personaje con el que actuamos en el mundo está lleno de pensamientos, sentimientos y emociones. Cuando meditamos, es normal que aparezcan resistencias de la mente y del ego. La mente necesita estar ocupada, ya que cree que, si no tiene pensamientos, va a morir. No obstante, no es propicio establecer una batalla con la mente. Lo aconsejable es observar los pensamientos y dejarlos ir, como si fueran estrellas fugaces que aparecen y desaparecen.
3. Fase tercera (Mundo espiritual): En esta tercera fase nos adentramos en el mundo espiritual. Puede que sientas algún tipo de sensación física especial, como un click en la cabeza o un ligero pitido en el oído. Estas señales te indican la entrada en esta dimensión dimensión espiritual. Aquí te puedes colocar en el lugar del observador, lo que te ayudará a desidentificarte con tu papel en la vida. Además, podrás sentir la presencia de una Inteligencia Amorosa que quiere lo mejor para ti.
4. Fase cuarta (Mundo divino): En esta fase podrás tener la conciencia de la divinidad o del Yo Soy. Te haces consciente de ser consciente y puedes experimentar la luz infinita universal. Es la experiencia mística que anhelan los buscadores espirituales y que está ligada al Todo. Si se vive esta experiencia, aunque solo sea una vez, se convierte en tu referencia y punto de anclaje para el resto de tu vida. Es habitual que los buscadores que tienen esta experiencia inicial sientan un anhelo profundo para volver a experimentarla. A mi me ocurrió con 20 años y no se me ha olvidado.
5. Fase quinta (el Absoluto): Conciencia del Absoluto. Aquí se suelta el “Yo Soy” o primer punto reflejo de lo manifestado. Recuerda que, más allá del “Yo Soy”, está el Absoluto. En algún momento todos retornaremos a Él, una vez cumplido el plan divino.
Este es un resumen de las diferentes fases para que las recuerdes durante el ejercicio:

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1. Tu cuerpo físico como aliado.
2. Eres más que tu imagen.
3. Entrega tus emociones.
4. El encuentro con tu alma.
5. Equilibra el dar y el recibir.
6. Conecta con tus guías.
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