La magnanimidad es una gran cualidad que podemos aplicar a nuestra vida. Se relaciona con la Sefira Hesed. La mayor parte de problemas se pueden solucionar si miramos a la vida con grandeza y desde una perspectiva elevada. Vamos a ver cuatro pensamientos que podemos incorporar a nuestra vida para integrar la magnanimidad.
1. No somos perfectos
El primero es darnos cuenta que todo el mundo puede cometer errores. En lugar de exigir la perfección absoluta podemos ver la vida como un camino de aprendizaje, donde nos vamos cayendo y levantando. Es importante aceptar nuestra humanidad, darnos cuenta que la mayor parte de personas quieren hacer las cosas bien aunque a veces se equivoquen. La magnanimidad nos ayuda a aceptar las diferencias humanas y a comprender que en la diversidad está precisamente la posibilidad de crecimiento.
Entonces cuando hayas cometido un error, en lugar de machacarte, puedes ser misericordioso y decir: “Vale, me equivoqué. En ese momento pensaba que era una buena idea pero ahora me he dado cuenta que no. Acepto que soy humano. Sigo adelante”. Una vez que hemos tomado conciencia, no tiene sentido seguir dándole vueltas al error que cometimos. Darle vueltas a los errores del pasado y machacarnos hace más daño que el propio error.
Tras cometer un error, es muy frecuente que el cuerpo nos avise, probablemente a través del dolor (o a veces incluso a través de una enfermedad). Y ese es justo el cometido del dolor: avisarnos de que nos hemos desequilibrado para que podamos rectificar. El sufrimiento aparece para ayudarnos a hacernos conscientes. Pero una vez aprendida la lección, seguir castigándonos no tiene sentido.
Como puedes ver en el siguiente diagrama, la Sefira que se resalta es Hesed, la cual está ligada a la magananimidad.

2. Todos estamos haciendo un camino espiritual
Una segunda forma de aplicar la magnanimidad es darnos cuenta que todo el mundo está haciendo un camino espiritual (algunos de forma consciente y otros no son conscientes de ello). Es decir, estamos en una escuela espiritual aprendiendo cómo mejorar, cómo volver a nuestro centro, cómo elevar nuestro nivel y nuestro estado de conciencia. Entonces cuando alguien comete un error es como si suspendiera un examen y quizás tendrá que repetir curso hasta que deje de cometer el error. Y cuando alguien falla, la vida le vuelve a ofrecer oportunidades para aprender. Esto cambia nuestra manera de mirar a los demás.
La magnanimidad nos permite mirar a las personas como seres en crecimiento. Como niños espirituales aprendiendo a amar. Y desde ahí surge naturalmente la paciencia, la compasión y la misericordia.
“Pecar” no significa hundirnos en el infierno para la eternidad. “Pecar” significa que no hemos acertado, pero lo podemos volver a intentar. Para eso está la vida, para mejorar. Entonces cuando somos magnánimos podemos vernos a nosotros y a los demás como a veces acertamos y otras fallamos. Pero la vida siempre nos va a dar una nueva oportunidad para aprender.
Además no tenemos capacidad para juzgar el proceso espiritual y psicológico que cada persona ha decidido experimentar. Quien sabe las pruebas o aprendizajes que cada alma se pone en su camino espiritual.
3. No tener cuentas pendientes con nadie
También la magnanimidad nos permite ver la vida con grandeza, sin tener cuentas pendientes con nadie. La magnanimidad implica dejar de vivir atrapados en pequeñas cuentas pendientes. Las personas grandes de verdad suelen tener una visión mucho más elevada de la vida. No se quedan encerradas en el resentimiento o en el deseo de venganza.
Una persona magnánima fue Nelson Mandela que, cuando salió de la cárcel, quiso unificar Sudáfrica. Para esa misión, superior a su ego, tuvo que perdonar a sus enemigos y ver las cosas con grandeza. Entonces podemos ver la vida con grandeza, desde una perspectiva mucho mayor. La mayor parte de líderes, que han desarrollado grandes proyectos, siempre han tenido esa capacidad de ser magnánimos.
Si alguien nos ha hecho daño lo podemos ver como una simple gota en el océano de la vida. Ese dolor se disuelve en un segundo y seguimos viviendo. Si magnificamos el error, además de hacer más grande el daño, le seguimos dando poder a la otra persona sobre nosotros. Además cuando alguien hace daño a otro, la persona más perjudicada es quien hace daño porque lo que hacemos a otros en realidad nos lo estamos haciendo a nosotros mismos.
4. Ve lo positivo y no lo negativo
La otra forma de ser magnánimos es ver lo positivo tanto en los demás como en nosotros. Las personas que son muy críticas se fijan solo en los defectos y terminan encadenados en una estructura psicológica negativa. Aunque una persona haga 99 cosas bien, si alguien quiere criticar se va a fijar en la que hace mal.
La persona magnánima intentar ver lo que la persona hace bien. Y, aunque haga otras cosas mal, se fija en una que hace bien y a partir de ahí le ayuda a que ponga esa misma energía, ponga esa misma cualidad en el resto de cosas que hace. Entonces si nos fijamos en lo positivo, desde ahí podemos expandir esa cualidad al resto de aspectos de la vida. Al fijarnos en lo que hacemos bien expandimos la Verdad, la Belleza y la Bondad.
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