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BLOG DE GONZALO SIMÓN REY

La vida es una escuela de aprendizaje. Además de una gran aventura, durante la misma atravesamos momentos difíciles, tomamos decisiones equivocadas o vivimos situaciones que nos hacen sufrir. Sin embargo, la diferencia entre unas personas y otras no suele estar en los errores que han cometido, sino en la capacidad que tienen para mirar hacia delante.

Hay una máxima que dice: “No se mide a un hombre por las veces que se cae, sino por las veces que es capaz de levantarse.” Lo mismo se puede aplicar al camino espiritual.

Mirar hacia delante después de cometer un error

Uno de los mayores obstáculos para nuestro crecimiento es quedarnos atrapados en aquello que salió mal. Muchas personas reviven una y otra vez situaciones del pasado, preguntándose qué habrían podido hacer de otra manera o por qué hicieron esto o aquello. Además de gastar una enorme cantidad de energía en algo que no pueden cambiar, no son conscientes que hicieron lo que pudieron. Su hubieran podido hacer otra cosa mejor, la habrían hecho.

Una persona que fue víctima de una estafa y la pérdida económica fue enorme. Durante más de cinco años ha dedicado tiempo, dinero y energía a intentar recuperar lo perdido, persiguiendo a los estafadores y culpándose por haber confiado en ellos. Aunque el proceso legal sigue su curso y quizás en un futuro recupere el dinero, el problema no fue únicamente la pérdida económica, sino el resentimiento que ha mantenido vivo durante todo este tiempo.

No se da cuenta que el dinero perdido puede recuperarse algún día porque si la persona ha sido capaz de ganarlo una vez lo puede volver a ganar cien veces. Pero el resentimiento, las ganas de venganza y la culpa nos hacen vivir con rabia, frustración o amargura. Y es precisamente este estado emocional el que nos causa mayores pérdidas que el error inicial. La razón es que este estado emocional no nos permite crecer.

La importancia de perdonarse a uno mismo

Muchas personas creen sólo hay que perdonar a los demás. Sin embargo, una parte esencial del camino espiritual consiste en aprender a perdonarnos a nosotros mismos. Cuando perdonamos a otros en realidad nos estamos perdonando a nosotros mismos. La mayoría de personas se convierten en sus jueces más severos. Nos exigimos perfección, nos castigamos por decisiones equivocadas y mantenemos conversaciones internas llenas de culpa. Sin embargo, ningún ser humano está libre de cometer errores. Forman parte del proceso natural de aprendizaje. Por eso somos humanos.

Cuando nos perdonamos, recuperamos nuestra energía. Se trata de aceptar nuestra condición humana y seguir avanzando. Así nos liberamos del pasado y comenzamos a utilizar nuestros recursos para construir algo nuevo. La vida se vuelve más ligera porque ya no cargamos con la culpa.

Y el perdón a los demás también forma parte de esta evolución. Hay personas que llevan décadas sin perdonar a sus ex-parejas o a sus ex-socios porque estos les engañaron. Imagínate vivir con 20 o 30 años de resentimientos y el daño que eso les ha hecho a ellos mismos.

El optimismo como actitud espiritual

Mirar para adelante significa ver la vida con optimismo. No se trata de negar la realidad y vivir en una realidad paralela, sino de una actitud profunda de confianza ante la vida. Cuando vivimos a la defensiva, vemos el mundo desde el miedo y la preocupación, preocupados por evitar posibles golpes que nos puedan dar.

En cambio si ves la vida con optimismo comienzas a buscar opciones y posibilidades. Cuando nos levantamos preguntándonos cómo podemos aportar más, servir mejor o expresar nuestros talentos, comenzamos a relacionarnos con la vida desde la confianza en lugar del temor. Hay una frase de una canción de Facundo Cabral que dice: “Hoy es un nuevo día para empezar de cero”. Cada día es una nueva oportunidad para comenzar nuevamente.

La enseñanza de Lot: no mirar atrás

La Biblia contiene numerosas enseñanzas simbólicas que pueden ayudarnos a comprender mejor nuestro desarrollo interior. Una de ellas aparece en la historia de Lot. Según el relato, unos ángeles ayudaron a Lot y a su familia a escapar de una ciudad que se había corrompido. Antes de partir les dieron una instrucción: no mirar atrás.

Sin embargo, la mujer de Lot miró hacia atrás y quedó convertida en una estatua de sal. En este caso, mirar atrás simboliza quedar atrapados en aquello que ya ha terminado. La estatua de sal representa la cristalización psicológica del pasado, de recrearnos en nuestros errores, heridas y sufrimientos. Entonces si has estado en dificultades y las has superado, ahora toca mirar hacia delante.

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